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Enfermedad vírica hemorrágica del conejo: revisión

Escrito por: Cándido Capilla

Patogenia

Según Galassi y colaboradores el virus penetra en el organismo a través de las vías naturales -digestiva o respiratoria- o mediante abrasiones y heridas cutáneas siendo desconocida la región donde tiene lugar la primera multiplicación del virus.

La muerte del animal es debida a la disyunción simultánea de muchos órganos. Entre ellas hay que citar la extendida congestión pulmonar acompañada de edema y grave pulmonía sero-hemorrágica, las lesiones de la corteza subrenal constituidas por hemorragias en focos y necrosis, las alteraciones circulatorias generalizadas de los riñones y principalmente la lesión grave y difusa de que parece ser el órgano diana: necrosis hepatica.de los riñones y principalmente la lesión grave y difusa de que parece ser el órgano diana: necrosis hepatica.

La coagulación intravascular diseminada-CID- puede ser significativa en el desarrollo de la enfermedad, siendo el daño del endotelio vascular probablemente el origen de la  coagulación sanguínea y de la fibrinolisis secundaria siendo el parénquima hepático el que constituye el centro hacia el que convergen las acciones patógenas inducidas, directa o indirectamente, por el agente causal.

La intervención de inmunocomplejos en la determinación del daño hepático constituye una mera conjetura, que ha sido sugerida por investigaciones experimentales que postulaban la intervención de un proceso inmunológico en la aparición de necrosis hepáticas mediante un mecanismo microtrombólico -reaccón Schwartzman- activado por inmunocomplejos inducidos por virus.

En realidad, la coagulación intravascular diseminada-CID- forma parte de la reacción de Schwartzman y se manifiesta por microtrombosis hialinas. Estas últimas pueden convertirse bien en causa –isquemia– o bien en efecto –coagulopatía por  activación del sistema extrínseco y/o por insuficiente eliminación de factores hemocoagulantes activados- de la lesión necrótica hepática.

Las lesiones multicéntricas hemorrágicas severas se presumen provocadas por el daño hepático causado por el virus, resultando un aumento acusado de factores de coagulación en la sangre debido a la lisis (destrucción) masiva de hepatocitos, por lo que ocurría un sobreconsumo de estos factores, aunque también se piensa que hay una alteración primaria de su síntesis.

A este respecto hay que señalar que la lisis difusa de linfocitos en varios tejidos inmunocompetentes como el bazo, el timo y los ganglios mesentéricos, también supone un hallazgo patológico constante en esta enfermedad.

Como consecuencia se podría presumir una movilización masiva de factores estimulantes, como el factor B (TNF) de necrosis tumoral, producidos ambos activamente por células linfoides. La marcada hiperplasia granulocítica de la médula podría explicarse por lo antes expuesto. De hecho el TNF se ha mostrado como inductor activo de la producción de trombina en la superficie endotelial y también in Vitro.

Hay una serie de pertubaciones hematológicas importantes que acompañan la evolución de la enfermedad hemorrágica del conejo. Las más precoces -en las primeras horas- son la linfopenia y la aparición de complejos solubles, siguiendo una hiperfibrinolisis secundaria.

Después de las 30 horas las anomalías son mucho más netas. Se aumenta la linfopenia y a veces la granulocitopenia, sin duda de origen periférico. Las pertubaciones de la hemostasia evolucionan de dos formas diferentes. Algunos conejos presentan precozmente la asociación de una CID y una insuficiencia hepatocelular, siendo ésta  asociación rápidamente mortal. Otros tienen al principio una CID aislada sobreviviendo más tiempo.

CLÍNICA

La enfermedad vírica hemorrágica del conejo -RHD- se caracteriza por un periodo de incubación muy corto que oscila entre 1 y 3 días, siendo su curso sobreagudo y de forma excepcional agudo o subagudo.

El virus RHDV2 (Nueva Variante) tiene un periodo de incubación ligeramente más largo (3-5 días) y se observa frecuentemente una evolución crónica o subclínica, pudiendo diseminar virus durante más tiempo, dificultando por tanto su erradicación. Respecto a la transmisión de la enfermedad, sintomatología y lesiones no existen diferencias remarcables.

Forma hiperaguda

Se encuentra generalmente cuando la RHD se introduce por primera vez en la granja. Los conejos infectados mueren con frecuencia improvisadamente, sin que se pueda observar ningún síntoma clínico. Sólo ocasionalmente se aprecia la expulsión de espumas sanguinolentas por la nariz y hemorragias vaginales.

Forma aguda

Es la forma predominante en las zonas en las que la enfermedad se ha hecho endémica. Los animales presentan postración, decúbito y opistótonos poco antes de la muerte, precedida de fuertes chillidos, especialmente en los gazapos. Se observa una abundante secreción sero-mucosa y epistaxis, en menor grado es posible ver lacrimeo abundante y heces diarreicas en la zona perineal. En la fase terminal se observa agitación respiratoria, taquicardia y respiración abdominal.

Los animales afectados mueren por asfixia, consecuencia de un edema agudo de pulmón, no descartándose casos de muerte por shock. Algunos individuos, al producirse la muerte, aparecen con sangre semi-coagulada  en torno a la nariz y el hocico. Algunos tienen el párpado rojizo y una especie de espuma en el parpado inferior. El curso puede variar entre 12 y 36 horas.

Forma subaguda

Se encuentra frecuentemente en los estados avanzados de una epidemia. Los conejos manifiestan abatimiento, anorexia y aumento de la temperatura corporal iguales a los que se observan en la forma aguda. Los síntomas permanecen generalmente durante 2-3 días y la mayor parte de los animales pueden sobrevivir. Estos sujetos resultan después resistentes a las reinfecciones.

Lesiones macroscópicas

Al retirar la piel se observa a menudo una ictericia manifiesta con petequias y equimosis en capas musculares superficiales. En la cavidad abdominal se puede apreciar un líquido ascístico y el hígado está hipertrófico con distrofia y congestión manifiestas. Hay presencia de equimosis y petequias en riñón, duodeno, yeyuno e íleon, e incluso en el cuerpo del estómago. En ocasiones puede aparecer apendicitis hemorrágica y petequias en el ciego. El bazo puede aumentar desde 2 hasta 3 veces su tamaño normal.

En la cavidad torácica no es rara la presencia de un hidrotórax con un pulmón congestivo y edematoso, apareciendo petequias y equimosis en todos los lóbulos así como la presencia de congestión y hemorragias petequiales en el timo. El epicardio aparece hemorrágico y acompañado de un hidropericardias siendo ya tradicional que se observe la tráquea con hemorragias y contenido espumoso.

Diagnóstico

Toda sospecha fundada sobre la existencia de la Enfermedad Vírica Hemorrágica –RHD- puede ser emitida en base a la observaciones epidemiológicas, a los síntomas clínicos y a las lesiones anatomopatológicas. Sin embargo, la confirmación del diagnóstico depende de los exámenes laboratoriales y actualmente de kits de diagnóstico rápido que se pueden realizar en la misma granja.

Diagnóstico laboratorial

El RHVD no ha sido desarrollado en cultivos celulares y por lo general se reconoce al concentrarlo en el hígado, sangre, bazo u otros órganos e identificarlo con pruebas de la reacción en cadena de la polimerasa de transcripción reversa (reverse transcripción polymerase  chaín reaction, RT-PCR), inmunotransferencia (Western blotting), microscopia  inmunoelectrónica de tinción negativa, inmunocoloración o ensayos inmunoabsorbentes ligados a enzimas (ELISA). A nivel de diagnóstico rápido, antes también se utilizaba la prueba de la Hemoaglutinación, pero es menos sensible y específica que otras pruebas ganando las famosas PCR como método de diagnóstico seguro y específico.

Visualización por microscopia electrónica

En la observación de las preparaciones sometidas a tinción negativa a través del microscopio electrónico se puede observar la presencia de abundantes partículas víricas, redondas, de pequeño tamaño-30-35 de diámetro-, sin envoltura y con la superficie con depresiones redondeadas y salientes. En las microfotografias electrónicas se aprecia fácilmente la existencia de partículas víricas completas y partículas víricas vacías. Estas junto a la presencia de depresiones en su superficie de fondo redondeado en las que  claramente  podemos contar 10 puntas en su borde externo, nos recuerdan las imágenes de los calicivirus.

Diagnóstico diferencial

Se debe hacer una diferenciación sintomática con otras enfermedades del conejo que son de aparición más frecuente como la pasteurelosis aguda, mixomatosis atípica, intoxicación, golpe de calor, enterotoxemia debido a E. coli o Clostridium perfringens tipo E y otras causas de septicemia grave con CID secundaria.

Toma de muestras

El hígado, contiene los títulos virales más altos en la enfermedad aguda o hiperaguda, y es el mejor órgano en la identificación del virus. El suero y el bazo también pueden contener altos niveles de virus. En conejos con enfermedad crónica o subaguda, quizás sea más sencillo encontrar RHVD en el bazo que en el hígado. La RT-PCR puede detectar el ARN en muchos órganos, orina, heces o el suero.

Profilaxis

La enfermedad Hemorrágica del conejo debe notificarse ante la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y además es una de las pocas enfermedades de Comunicación Obligatoria en España.

En el año 2013 se activó el Plan Nacional de Vigilancia de la RHD. El objetivo del plan era establecer un sistema de detección de la enfermedad y conocer su difusión real en España. El plan de vigilancia diseñado específicamente cuenta con dos componentes: vigilancia pasiva (a lo largo de todo el año) y vigilancia clínica (durante los meses de septiembre y octubre). La vigilancia pasiva consiste en la confirmación de la enfermedad mediante toma de muestras de animales hallados con sintomatología clínica o con lesiones compatibles con la RHD.

En 2018 disminuye la prevalencia de la enfermedad y vuelve al estatus de “enfermedad limitada a una o más zonas”.

Ningún tratamiento terapéutico resulta eficaz contra la RHD, de forma que el control de la enfermedad depende principalmente de las medidas profilácticas generales debiéndose conocer que los países no infectados pueden imponer restricciones sobre la importación de conejos, carne y lana de angora provenientes de áreas endémicas.

El RHVD es un virus extremadamente contagioso que puede transmitirse por fómites y a través de insectos, pájaros y mamíferos carroñeros. En zonas donde no exista el conejo silvestre se puede lograr la erradicación con despoblación, desinfección, vigilancia y cuarentena utilizándose conejos centinelas para monitorear la persistencia del virus en las instalaciones.

En las regiones donde la RHD circula en conejos silvestres, la erradicación no es factible. En cambio, en los conejos domésticos, esta enfermedad se controla con medidas de bioseguridad, incluidas la higiene, la desinfección, el mantenimiento de colonias cerradas y la vacunación.

Medidas profilácticas generales

Vacunación

La vacuna es la manera más eficaz para controlar la enfermedad. Las vacunas desarrolladas frente al virus “clásico” no funcionan frente la Nueva Variante por lo que es necesario utilizar las dos cepas para obtener una protección para los animales.

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